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Gatos mimosos y sentimentales

¿Tienen los gatos “sentimientos” y qué respuestas emocionales les producen? Invariablemente, los propietarios sostienen que sí. La mascota echa en falta a sus amos, es celosa del perro, se venga si no le  damos atención, y más. Esto puede que sea así pero, si no comprendemos y estudiamos de dónde vienen ciertas respuestas, nos arriesgamos con atribuirle emociones humanas y fallar en comprender sus verdaderas emociones.

Las emociones de los gatos, como de cualquier especie, han evolucionado para adaptarse a situaciones diferentes de las que vivimos los humanos. Las sensaciones a los estímulos son símiles entre humanos y otros animales superiores, como por ejemplo, el frío, el calor o el dolor. Éstas, conducen a cambios fisiológicos que provocan respuestas psicológicas, o sea emocionales. Tanto una persona como un gato que percibe el olor de una comida apetecida puede responder con una anticipación, una “ilusión” por la satisfacción que  prevé, pero veremos que “ser consciente” de dicha sensación es cosa muy diferente de experimentarla. Sin embargo, ciertos científicos niegan absolutamente que los animales tengan emociones. Algunos, incluso, afirman que los animales – incluyendo a gatos y perros – no son más que máquinas de carne y sangre. Ellos arrancan de la “verdad” que las personas antropomorfizan (atribuir cualidades humanas a los animales) porque los sienten como hijos sustitutivos. Los humanos tenderíamos a interpretar comportamientos  instintivos basándose en la amplia gama de emociones que tenemos (pero que los animales no tendrían).
Al otro lado de este extremo están los etólogos y los neurobiólogos, que bien saben que los animales tienen emociones, aunque más limitadas que los humanos. Y en el medio de esta polaridad están las personas comunes, las que “antropomorfizan” pero que comparten todas sus vidas con sus mascotas. No tendrán  mucho “saber” científico, pero tienen práctica, saben cuando sus mascotas están felices y cuando no, lo que quieren y lo que no, así como saben entender lo que los animales se esfuerzan en decirles. Los que niegan las emociones animales lo hacen diciendo que quien las afirma está “antropomorfizando” cuando ellos están “antropocentrando”. Esto es: juzgan e investigan las cualidades animales a partir (no del emociones humanas),  sino de la racionalidad humana y de sus efectos. Estos científicos no saben con exactitud si los animales tienen o no emociones en el sentido que les damos nosotros, pero insisten en afirmar que “es así”, que no las tienen. Prácticamente se pronuncian “científicamente” sobre algo del cual desconocen. El auténtico problema es que son sideraciones políticas aparte cuando se estudian especies, razas o culturas diferentes de la del estudioso, el científico serio asume siempre una visión de relatividad, y no mueve nunca de asunciones de  correcto/incorrecto, verdadero/falso, basándose en su propio background.
Además está el tema de la tecnología. Es llamativo cómo ciertos científicos sigan manteniéndose cerrados a posibilidades alternativas. La tecnología ha permitido aceptar hipótesis que antes eran  tajantemente rechazadas o hasta ridiculizadas. Y bien,hoy la ciencia etológica gracias a la tecnología que sigue avanzando, ha descubierto nuevas datos sobre el comportamiento de los animales y sus porqués,descubrimientos    inaceptables solamente  hace unas décadas.
Esta es la lección de la historia a la ciencia. Lo que sorprende es cómo sea posible que muchos científicos se resistan a aprenderla y sigan repitiendo el error del pasado, convencidos de que lo que tienen en mano hoy es la respuesta definitiva a los interrogantes del universo.
El porqué de la no aceptación de esta sencilla ley lógica (si no sé tampoco puedo saber si es verdad o no) viene del mismo método empleado para estudiar las emociones de los animales: la demostrabilidad. Alguien pensará “no hay nada extraño en exigir que una afirmación sea demostrable, todo lo contrario, es beneficioso”. Pero esta lógica, si lo pensamos desde otro lado, es la lógica del juicio legal, donde las pruebas son necesarias para la sentencia. Pero, ¿qué pruebas necesito, y por qué, para admitir que un animal pueda empatizar (según sus características, no las nuestras – principio de la relatividad)?

Investigacion de futuro:
Si las emociones nacen y se gobiernan en el cerebro, si la componente biológica se entrelazaen las emociones con otras menos predeciblesy tangibles (interacciones sociales, aprendizaje, ligazones afectivas … ), el estudio  de las emociones en los animales debe necesariamente pasar por dos condiciones obligadas: estudiarlas en el entorno natural del sujeto (el animal) y recurrir a conceptos psicológicos. Sin estas bases el estudiose limita a una confirmación estéril de que la biología del cerebro de los animales superiores es muy similar a la nuestra.
Darwin y las emociones

Charles Darwin, en sus tiempos, ya había reconocido que los animales tienen emociones. No hablaba de  diferencias en el tipo de emociones, sino de diferentes grados de las mismas. Así, se trataría de un continuum  que va desde los organismos menos inteligentes hasta los animales más inteligentes, complejos y racionales. Darwin pensaba que los animales poseen un abanico variable de emociones. En cambio, científicos modernos  siguen usando el término emoción referido a los animales “entre comillas”, con significado de “actuar como”. Rehúsan el antropomorfismo, mientras abrazan el antopocentrismo. 

Vuelta a la observacion
Tanto la etología como la neurobiología apoyan la tesis de las emociones animales. Sobre el miedo ya hemos hablado y los científicos de diferentes ramas admiten que muchos animales lo experimentan, como ciertos pájaros que se alarman ante la silueta de un halcón pero no de una paloma, pese a que nunca hayan visto un verdadero rapaz. Como dicho se trata de una emoción básica de supervivencia que no precisa pensamiento consciente y que no crea grandes problemas. Son las emociones más complejas, intangibles, las que crean dificultades y que no pueden ser “probadas” en laboratorio. Necesitan que el animal (o la persona) sea estudiado en sus normales interacciones diarias. Unas de éstas son el placer y la aflicción. La moderna  neurociencia y la neuropsicología se alejan del laboratorio y vuelven científicamente a la observación.
El cerebro emocional 
Hemos visto que las emociones nacen en el cerebro, siendo una compleja red de mecanismos químicos y eléctricos en el que las células nerviosas (neuronas) comunican información a través de recorridos neuronales  llamados sinapsis. Los científicos, en búsqueda de pruebas como fiscales, pensaron que poniendo electrodos en el cerebro de los animales habrían podido “estudiar” qué sucedía en el interior de esa extraña caja, la  cabeza animal. Descubrieron la sopa de ajo. Descubrieron que al estimular la amígdala, induciendo así terror, los animales morían. Con esto tuvieron la prueba de que los animales experimentan miedo y terror. Luego  podían diseccionar el cerebro de los desafortunados en rebanadas cada vez más sutiles y descubrir … que  son básicamente como el nuestro. Pero no estaban contentos y se resistían. Decían que el miedo es una  reacción defensiva innata, en los animales. Entonces “buscaron” otras emociones. Unos pasaron a métodos  menos crueles e invasivos: resonancias magnéticas, electroencefalogramas, tomografías… sistemas aplicables a los sujetos incluso en su medio natural. Por otro lado los psicofarmacéuticos continuaban sus  investigaciones suministrando sustancias químicas (un medicamento es siempre tóxico en algún grado) y observando qué pasaba en el comportamiento de los animales. Por ejemplo, descubrieron algo tan obvio pero que no podían inferir de la analogía con los humanos por los motivos mencionados arriba: inyectando  sustancias que interfieren con el ritmo del sueño y eliminando la fase REM (ligada a las emociones), los  animales se volvían irritables, rabiosos y finalmente morían.
(Fuente: revista Perros y compañia)

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Categorías:Uncategorized
  1. 04/06/2011 en 10:39

    Estos científicos de pacotilla q al no tener animales de compañía no saben los sentimientos q tienen y encima les hacen pruebas raras a los pobretes…

  2. 13/09/2013 en 14:37

    Yo creo que sí que los gatos tienen emociones y sentimientos. Saben lo que quieren y bien que lo demuestran …..Nuesteo gatito nos da a entender cuando quiere “su paté” , si quiere
    ir a dormir….Cuando hemos llegado a casa,ya está al lado de la puerta de entrar , como si
    nos estuviese esperando…

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