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Cafeterías de gatos

Algo tan humano como es el sentido de “seguir” la moda se ha llevado a tal extremo que las mascotas, esas que comparten la vida con los humanos, no se han podido sustraer y forman parte tambien de esa vorágine de modas y usos, unas mas trasgresoras que otras. Es el caso de los gatos, que se han incorporado a ese fenomeno del “trends”, incomprensible para unos y necesario para otros.

Las modas son tendencias rnomentáneas que seguimos, y que resultan fundamentales para que el sistema  económico siga funcionando. Son estrategias comerciales de mercadotecnia (marketing). Para las personas, es difícil sustraerse a la influencia de las modas, pues, en cierta medida esos “trends” dictan nuestra  aceptación social según el entorno donde obramos y nos movemos. Principalmente, las modas tienen que ver con la estética aprobada en un determinado tiempo y lugar. Esta “aprobación” ligada a una “tendencia” es en  gran medida predeterminada por las industrias y por complejos estudios de mercado.

Necesidad de cohesión con el grupo

Ahora, ¿cuál es la función de una moda? Fundamentalmente, ser visto, admirado y aprobado por los otros que comparten la idea de que seguir una tendencia es “lo suyo”, lo que se estila, que son muchos. En el fondo hay una necesidad de cohesión y aprobación en el interior de un determinado grupo humano. Pero, ¿puede la moda (estética) tener algún sentido en los animales? Y en caso afirmativo, ¿cuál sería?  Las mascotas clásicas – perros y gatos – forman parte de la vida humana, incluyendo las maneras y actitudes sociales que a ellos trasladamos. Su larga domesticación las ha alejado de sus ancestros. Hoy, cánidos y félidos de compañía retienen sus características en la forma y sus particularidades etológicas específicas, pero sus  comportamientos van lentamente alejándose de los de sus congéneres naturales. Han aprendido a pedir sus  comidas, a portarse de una manera aceptable, a controlar su agresividad natural, han perdido parte de su impulso predatorio al punto de que los individuos que aún lo retienen se consideran como problemáticos. La estructura social y normativa humana ha pasado a los animales de compañía.
La fuerte unión que existe hoy entre el hombre y sus mascotas no siempre respeta los límites más íntimos de la realidad etológica. Por lo tanto, quizás olvidando que no se trata de pequeños humanos con forma de gatos
y perros, a veces descarrilamos y les extendemos e imponemos nuestros valores y gustos. Evidentemente, el  animal doméstico que “sigue” la moda que su amo le impone, no trae ningún beneficio de ello ni comprende lo que sucede; sólo sigue porque está domesticado. Acata otra de entre esas muchas reglas relativas al vivir social humano que no entiende.

Modas que cumplen alguna funcion

Muchas modas se han trasladado a los animales y ciertas detienen y cumplen también una función. Por ejemplo, los varios abrigos (sirven contra el frío y la lluvia), ciertos juguetes exageradamente estéticos (que sin embargo siguen satisfaciendo la función por la que se construyen: bolas para morder, palos para arañar) y otros ejemplos. La tecnología nos hace la vida más cómoda y más estética, aunque a la mascota ello no deja de pasar desapercibido. Pese a todo, lo importante es que se mantenga una conexión con la utilidad del objeto para el animal. Por ejemplo, las bandejas con filtros antiolor y tapas anti-esparcimiento son útiles para nosotros, mientras que para el gato lo esencial es un contenedor con arena para hacer sus necesidades y nada más. Todo el resto es para nosotros y nuestras exigencias. Se trata de un compromiso exigido por las necesidades sociales. Lo mismo dígase por las tradicionales casitas para el perro que, en algunos casos, se convierten en verdaderos adminículos de luio, pequeños castillos, o para ciertas comidas de “gourmet”. Lo importante para un animal no es si la comida está “riquísima” o si es exclusiva, sino que sea bien equilibrada, de calidad alimenticia y que satisfaga sus necesidades bio-fisiológicas de la mejor manera, pues su salud depende en gran parte de lo que come. Nuestra gula y todos los enganches de la industria alimenticia y publicitaria para fomentar el consumo de ciertos productos, si pueden darnos a los humanos algún beneficio (no siempre alimenticio) para las mascotas no sólo son irrelevantes, sino que pueden ser perjudiciales (dicho inter nos, esto vale también para nosotros, pero es otro discurso). Repetimos, lo que cuenta es que no se
pierda de vista la necesidad y el bienestar del animal, y que éste no acabe siendo un simple utensilio de  producción y venta de accesorios impulsados por la industria de la moda. Todo lo dicho puede pasar, ya que
cada uno hace con su dinero lo que le apetece y, sobre todo todavía se vislumbra una función destinada a la satisfacción directa del animal: juego, esparcimiento, descanso, comodidad, protección …
Sin embargo, este afán por el “trend” denuncia la presencia de una característica típica humana, es decir, la exageración hasta la saturación, el no saberse parar, el no tener límites, incluso cuando la función ya ha  desaparecido o incluso se torna perjudicial para la mascota. Sólo queda la satisfacción del amo a través del animal, lo que se vuelve bastante discutible. Todo lo dicho viene al caso de unas modas que el lector puede  visionar en la web y que ahora vamos a ver. Se trata de una clase de usos y modos o costumbres realmente desconectados de la satisfacción de una función o necesidad natural del animal, usos que son un fin en sí y cuya utilidad – con referencia a la mascota – no se logra percibir.

El gusto por los gatos de los japoneses

Como estas manifestaciones son bastante numerosas, en este artículo abriremos la reseña con una de ellas y en los próximos números veremos otras curiosidades análogas tales como el tatuar a los gatos. Empecemos nuestro viaje por la extravagancia desde Japón, conocida sociedad eficiente, rigurosa, disciplinada, obediente} respetuosa y trabajadora. Los orientales no han sido conocidos como amantes eufóricos de las mascotas hasta su occidentalización tras el segundo conflicto mundial. A partir de entonces, los gatos en particular han entrado en las pulcras casas niponas} en sus dibujos animados y Mangas} entre sus héroes, y han dejado de dormir y comer fuera del hogar.

Paliar la soledad entre personas

Este curioso fenómeno ha alcanzado un nivel exagerado bastante curioso. El gato ha sido usado para  satisfacer una necesidad humana apremiante, especialmente en Japón: paliar la soledad. Se han creado “Cafeterías de gatos”} donde la gente paga unos tres euros para pasar media hora tomándose algo rodeada de gatos. Evidentemente, no se sirve comida y el cliente no puede traer a su propio gato. Si el cliente desea alargar su estancia} pagará unos 90 céntimos para cada 10 minutos adicionales. Es ésta una aplicación  comercialmente muy fructífera de los hallazgos científicos de los beneficios de los animales de compañía sobre la salud, de los que nació hace años la Terapia Asistida por Animales (TAA). Es obvio que la necesidad a  satisfacerse es la falta de compañía y de comunicación entre las personas, causado por aquella soledad  insoportable que la sociedad ha sido capaz de originar. Una auto-desnaturalización del humano que ahora necesita que los gatos acaben trabajando como sus terapeutas} dándole aquel cariño y compañía que los otros humanos comienzan ya a ser incapaces de proporcionar

La función de los gatos anti-estrés

¿Qué hace pagar a un japonés 4 ó 5 euros por un café? La soledad y el hecho de que muchas comunidades de vecinos prohíben tener mascotas … [a la salud del amor a los animales! Los gatos proporcionan – como abnegados trabajadores – simpatía y relajación al auto-estresado trabajador japonés. ¿Llegarán los gatos trabajadores nipones a tener que necesitar de ratas para relajarse? Según lo reportado por una agencia informativa, de entre los clientes entrevistados hay … [dueños de gatos! Yademás, la motivación que dan por esta nueva moda es que los “gatos-camareros” dan la posibilidad a la gente de encontrarse y hablar o intercambiar opiniones sobre sus respectivas mascotas (que están en casa solas). Unos afirman que “para que sus gatos no se pongan celosos” a la vuelta a casa les traen regalos. Clara antropomorfización humana fundada en el sentimiento de culpa, y tal vez nos diga algo que esta clase de bares proliferen en zonas industriales y comerciales de alta tecnología o universitarias. La frecuencia de paso de clientes es de unos 30-50 al día, con incremento durante el fin de semana. Todas las franjas de edades y ambos géneros están representadas. Cada cliente tiene su “terapeuta” favorito, que se amolda a sus características personales. La
propietaria de uno de estos locales de Tokio considera que la razón del boom gatuno se debe al estrés que los trabajadores nipones padecen en el trabajo, por lo que la compañía de los gatos hace que, durante un rato, puedan disfrutar – por interpuesta persona – de libertad y volubilidad mucho más que con el obediente  perro, reflejo de su propia condición de obediente trabajador. Algunos sostienen inocentemente que esta tendencia muestra cómo los gatos están empezando a ocupar su merecido sitio en la sociedad, incluso – iYcómo no! – económico. Pero las dudas quedan, y muy consistentes, pues dicho gran amor, este recobrado lugar en la sociedad, lo veremos cuando los camareros sean jubilados al cuarto año de edad. Si no fuera tan trágica, esta situación podría hasta hacer sonreír.

El inicio de un negocio al alza

Los gatos que “trabajan” en la cafetería tienen de 1 a 3 años. Cabría preguntarse dónde irán a parar al cumplimiento del cuarto año, visto que al no ser “Tamagochis” (otro invento antí-soledad nipón) los gatos, seres vivos, también crecen, envejecen y enferman. De todos modos, su función es “hacer jugar y divertir a los clientes”. La idea de este business nació en Taiwán, y un japonés que se enteró durante un viaje de negocios, la importó a Osaka hace 4 años. A partir de entonces, el mercado de las mascotas ha vivido un boom impresionante. Ahora hay cantidad de cafeterías análogas en todo el país. Sólo en Tokio hay una veintena. Esto puede hacer pensar en un cariño, un amor especial del japonés por los gatos, pero … ¿y el respeto del animal como animal? Evidentemente, es del todo ausente.

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